martes, 20 de octubre de 2009

EL POTHOS DEL SABADELL


¿Qué hay detrás del equipo sabadellense? ¿Qué impulsa a este hetairoi de jugadoras y técnicos a intentar siempre lo más difícil? ¿Cuál es el empeño que les empuja a repetir año tras año los dobletes y a lanzarse más allá de las fronteras? ¿Qué delirio les lleva a soñar en una final four europea que aparece como una empresa colosal, inasequible a los recursos de un Sabadell que sin embargo ya se encuentra a sólo un paso de alcanzarlo?
Es al historiador romano Arriano a quien le corresponde el honor de ser la mejor referencia de la figura de Alejandro Magno, sin duda el personaje más fascinante del mundo antiguo. Alejandro soñó y llevó a cabo la gesta de conquistar, a partir de una ciudad provinciana, Pela, un vastísimo imperio que abarcó hasta la mismísima India, un lugar tan remoto en la mentalidad griega del siglo IV a.C. que formaba parte más de la fábula que de la realidad. Y Arriano, decimos, registra las vicisitudes de aquella aventura mítica, obra de un hombre que prácticamente se convirtió en un dios en vida.
El historiador, para definir la personalidad de Alejandro Magno, utiliza una palabra griega muy reveladora: pothos. Cuando el rey macedonio se dispone a realizar una de sus hazañas más espectaculares, cuando se dirige a Gordio para deshacer a su manera el famoso nudo que abriría las puertas de Asia, cuando conquista Egipto y funda la primera y más universal de sus ciudades, Arriano la fundamenta en este rasgo de su temperamento. El mismo impulso de decidir conquistar el gigantesco imperio persa, que apenas un siglo antes casi fagocita toda la Hélade, pareció a sus contemporáneos una locura.
Pothos. El pothos de Alejandro, del Sabadell, expresa un interés especial, un vivo deseo, un “capricho” por hacer algo. Es “un particular interés, un vivo empeño y afán de hacer algo nuevo que redunde en su autoestima”, escribe Francisco Javier Gómez Espelosín, en Alejandro Magno, de la historia al mito, analizando el término que maneja Arriano. Este sentimiento embarga a Alejandro/Sabadell como un embrujo que le empuja a la acción de un modo singular, como motor principal para su ambición. “En este término –se lee en Gómez Espelosín- pienso que confluyen tanto la curiosidad ‘racional’ de Alejandro por conocer, averiguar y descubrir nuevos mundos, como ese otro elemento más de fuerza ‘irracional’, de su insaciable afán de pasar a la acción”.
Pero incido aquí en el carácter personal de este pothos. Del mismo modo que no se entiende la proeza de los macedonios sin esa psicología audaz de su rey, no es tampoco concebible la historia triunfal del Sabadell en esta primera década del siglo XXI sin el carácter de todas y cada una de las jugadoras y sus entrenadores. Bien es cierto que Filipo II preparó el terreno en el que pudo Alejandro apoyarse para su genial ‘locura’, pero es el pothos de un joven rey/equipo irrepetible el que ha marcado la historia. La directiva sabadellense prácticamente se limitó a no entorpecer el pothos de aquel primer equipo, el de las ‘chicas de oro’, a no limitar su ambición. Hasta que conquistaron Babilonia, hasta que incendiaron Persépolis, el club no se dio cuenta del valor de sus jugadoras.
Ahora les pide que crucen el río Hidaspes y que se enfrenten a los elefantes. ¿Será suficiente con el espíritu de los hetairoi y las sarisas?

No hay comentarios: